FLORA Y FAUNA



Sambucus

El Saúco, es un género de unas 5-30 especies perteneciente a la familia de las Adoxáceas, originario de las regiones templadas a subtropicales de ambos hemisferios, aunque más extendido en el Hemisferio Norte, mientras que en el Hemisferio Sur queda restringido a Oceanía y América del Sur.

Arbustos o árboles pequeños, si bien presenta también al menos dos especies herbáceas. Las hojas son pinnadas con 5-9 folíolos (raramente 3 u 11). Cada hoja tiene 5-30 cm de largo, y los folíolos tienen márgenes cerrados. Los grandes grupos de pequeñas flores de color blanco o crema se abren hacia finales de la primavera, y son seguidas por pequeños grupos de bayas de color negro, azul-negruzco o rojo (raramente de color amarillo o blanco). Se trata de una especie muy abundante en toda Europa, especialmente el centro y sur. También se extiende por Asia y África del Norte. Por sus propiedades también es cultivado en jardines y huertos. Crece silvestre en las proximidades de zonas habitadas, bosques frondosos, malezas y vertederos.

La madera del saúco es muy dura, por ese motivo ha sido muy valorada para la construcción de herramientas agrícolas y en ebanistería. El saúco procede del griego “Sambuké”, que significa flauta, la razón es que antiguamente se vaciaba el interior de las ramas para que quedase un tubo hueco con el que se hacían las flautas.

Aplicaciones y propiedades

  • El saúco es una planta medicinal utilizada desde antiguo; sus referencias se remontan a la Edad de los Metales. Entre sus numerosas propiedades se le atribuyeron incluso virtudes mágicas. Contiene aceites esenciales, taninos, ácidos orgánicos, ácidos animados, azúcar, abundante vitamina C, y una serie de glucósidos como la rutina y la sambunigrina.
  • La infusión de flores secas es un buen remedio para las afecciones de las vías respiratorias altas, anticatarral y eficaz contra los resfriados gracias a su acción sudorífica. Es calmante, útil en el tratamiento de trastornos nerviosos ligeros, tales como insomnios, migrañas, dolores de cabeza e inflamaciones dolorosas. Es depurativo, diurético, útil en afecciones renales (nefritis) y laxante; entra en la composición de tisanas adelgazantes. Se usa externamente en compresas y baños para los ojos. El agua de saúco es un buen astringente ocular. En farmacología también se utiliza el vinagre de saúco (acetum sambuci), como desinfectante y en la preparación de compresas febrífugas.
  • Los frutos frescos y maduros también se emplean en mermeladas, jarabes y vinos. La planta tiene un particular aroma y es amarga.

Usos y curiosidades

  • El hombre se ha valido del saúco desde la edad de piedra, como alimento, medicina, en ritos religiosos y mágicos, como planta de jardín, para fabricar silbatos valiéndose de su madera hueca, etc. 
  • Las hojas quemadas se han empleado como insecticida y la infusión de las hojas se empleó como repelente de mosquitos y, rociada sobre las plantas, para protegerlas de pulgones y orugas.
  • Desde la antigüedad la utilización del Saúco para crear varas con el fin de simbolizar el poder sobre el mundo “invisible” ha sido tradición Pagana hasta nuestros días. Este árbol siempre estuvo ligado al mundo de la magia ya que muchos tienen la creencia de que quemar la madera del Saúco es peligroso y lo tienen prohibido. Pero lo que sí es confiable es que la madera del árbol puede usarse para fabricar Varitas mágicas. Se decía que el vino que se hacía con las bayas de saúco, era el último regalo de la Diosa Tierra y no podía ser bebido por la gente común, sino por los sacerdotes o brujos, ya que posiblemente producía alucinaciones, por lo que se usaba en rituales para la adivinación. No respetar las normas de conducta y arrancar ramas de saúco o comer sus frutos traía la mala suerte, se decía que la persona que talase un saúco, podía quedarse ciega incluso perder a sus hijos y en el mejor de los casos, ver enfermar a su ganado. El saúco debe ser tratado con mucho respeto y antes de recolectar sus bayas o cortar alguna de sus ramas, debemos pedirle permiso y agradecer dejando una ofrenda de nuestro cabello y algunas monedas o miel.
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